La energía solar
La obtención de energía ha sido fundamental
a lo largo de la historia de la humanidad. Las personas
han conseguido energía de diversas maneras, pero
durante el siglo XX se ha visto la necesidad de aprovechar
fuentes de energía renovables para no agotar
completamente recursos como el petróleo o el carbón.
El Sol proporciona prácticamente toda la energía que
aprovechamos de una u otra forma en la Tierra, pero hasta
hace pocos años no se ha aprovechado su energía para
producir energía eléctrica convertible en otros tipos
de energía para los hogares, las fábricas, etc.
En una central solar, la luz del Sol incide sobre varios
espejos orientables (helióstatos) y se refleja, de manera
que converge hacia la caldera, en la que el agua se calienta
y se transforma en vapor. Este vapor mueve una turbina
y, mediante un generador, se produce energía eléctrica
que un transformador se encarga de hacer llegar
a la red eléctrica.
El vapor, tras pasar por la turbina, se dirige al condensador,
donde se convierte en agua líquida. Luego, una bomba
impulsa el agua de nuevo hasta la caldera.

Panel fotovoltaico adosado a una farola. La energía solar
es una energía limpia; no contamina.
La energía eólica
La energía del viento también puede ser provechada para producir
electricidad. Es una energía limpia, pero tiene un inconveniente importante:
no hay demasiadas regiones en las que el viento sople con
fuerza de manera continuada.
El principio de funcionamiento es parecido al de otras centrales
eléctricas: el viento mueve unas turbinas y un generador produce la
corriente eléctrica.

Molinos eólicos
en Gran Canaria.
La energía hidroeléctrica
En el caso de las centrales hidroeléctricas, hay que construir
un pantano y un salto de agua para que el agua, en su caída,
mueva unas turbinas y un generador produzca la energía
eléctrica deseada.
La construcción de centrales hidroeléctricas a menudo ha
tenido un fuerte impacto en el paisaje, ya que en ocasiones
pueblos enteros han quedado sumergidos bajo las aguas
de un pantano y muchas familias han tenido que abandonar
sus hogares.

Maqueta de una central hidroeléctrica.
La energía de las mareas
El nivel del agua del mar asciende y desciende periódicamente
debido a la atracción que la Luna y, en menor medida, el Sol,
ejercen sobre el océano. Este movimiento de las aguas puede
ser aprovechado para producir energía útil en aquellas zonas
en las que sea considerable la variación en el nivel entre
la pleamar y la bajamar.

Central maremotriz de Rance, en Saint-Malo, Francia.
La energía de la biomasa
Los restos de seres vivos también pueden constituir una fuente
de energía útil. Los excrementos del ganado pueden
aprovecharse como abono, pero también para ser quemados
y producir gases, como el metano, que se pueden emplear
como combustible.